Personas sucursales y autonomía

Como muchas personas saben, las grandes marcas de tiendas establecen franquicias; según estas, todas las sucursales deben seguir unos lineamientos bien definidos. La misma identidad gráfica, los mismos colores; los mismos uniformes para los empleados y la mismas políticas de precios y de atención. En el caso de franquicias de comida, la misma sigue las mismas recetas con los mismos ingredientes; en las mismas proporciones y la misma presentación.

Esto es vital para las marcas, porque ellas no sólo promocionan los productos que venden en sus tiendas. También deben promoverse a sí mismas; es decir, a su propia imagen, para mantenerse en el gusto de la gente.

¿Vale para las personas?

No. Las personas no funcionan, no pueden funcionar, y no deberían funcionar como sucursales de otras. No es sensato considerar que la personalidad de alguien es una franquicia a la que otros deban amoldarse. Sin embargo, en ocasiones uno puede sentirse presionado para actuar, hablar o pensar de acuerdo con los estándares de otra persona.

Esto es un círculo nocivo, puesto que es una condición imposible de cumplir. Por más afines que sean dos personas, siempre habrá alguna diferencia en el modo de pensar, de decir las cosas, o de resolver situaciones. Cuando una persona acepta ser sucursal de otra, se anula a sí misma, e intenta lograr un imposible que inevitablemente se convertirá en fuente de estrés. Sin dejar de mencionar que de este modo pueden perderse puntos de vista alternativos y valiosos.

Cuándo las personas son sucursales

Es posible que conozca a alguien de su entorno, que exhiba una fuerte personalidad. Que con frecuencia imparta instrucciones, aún a personas que saben lo que están haciendo. O que insista en que los demás hagan las cosas de un cierto modo, y no del modo en que cada quien lo entiende mejor. En la medida en que las personas se dejan llevar, pueden estar cayendo en el juego de ser sucursales; aunque puede que argumenten que lo hacen “para llevar la fiesta en paz”. En principio esto no es malo de por sí; el problema empieza cuando se convierte en la norma. Y peor, cuando esto se convierte en motivo de insatisfacción, roces y estrés.

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Si una persona se siente incómoda por tal situación, le gustará saber que tiene perfecto derecho de gozar de autonomía; además de opinar y resolver situaciones en función de su criterio personal. Puede que quiera que la persona dominante cambie, pero le conviene entender que esto no es siempre posible. Las personas que tratan a otros como sucursales suelen vivir fascinadas consigo mismas; y suelen ser refractarias a las opiniones ajenas, en especial si son de desacuerdo.

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